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En un clima de máxima tensión diplomática y bélica, el presidente estadounidense sostuvo este martes un encuentro cara a cara con el primer ministro israelí en el Despacho Oval, el primero desde que ambas naciones lanzaran una ofensiva conjunta contra Irán hace cinco meses. La cita se produjo mientras la Casa Blanca sopesa sus próximos movimientos militares tras haber ordenado un alto al fuego unilateral el pasado viernes, interrumpiendo dos semanas de ataques ininterrumpidos.
Durante el encuentro, el mandatario norteamericano dejó abierta la puerta a un nuevo capítulo de hostilidades. En declaraciones ofrecidas el lunes al portal Axios y que marcaron la antesala de la reunión, el presidente fue categórico: “Estamos manteniendo conversaciones muy intensas con Irán. Si no dan resultado, volveremos a emprender una acción militar muy contundente”.
La reunión bilateral, sin embargo, arrastra un antecedente que revela la complejidad en el trato entre ambos líderes. De acuerdo con fuentes citadas por medios locales, el pasado mes de junio una conversación telefónica entre los dos mandatarios escaló hasta el punto de que el estadounidense calificó repetidamente a su aliado israelí como un “j***damente loco”, un episodio que contrasta con las sonrisas protocolarias exhibidas este martes.
La voz del halcón republicano fallecido agita el contexto
El trasfondo de esta cumbre se ve agitado por la difusión de un material inédito que ha causado revuelo político. La visita del líder israelí a Washington coincide con su asistencia al funeral del influyente senador republicano Lindsey Graham, fallecido el 11 de julio, un legislador que hasta sus últimos días fue un ferviente impulsor de la línea dura contra Teherán.
El diario The Wall Street Journal publicó este fin de semana extractos de un documental no estrenado que captura la euforia del senador ante la campaña de bombardeos. En las imágenes, Graham describe vívidamente el estado de ánimo del presidente al iniciar la operación militar.
Visiblemente conmovido, el senador relató ante la cámara:
“Miren lo que hemos hecho aquí. Casi lloro. ¿Cuánto tiempo llevamos insistiendo en esto? […] Hablé con Trump esta mañana. Oh, está muy entusiasmado. Dijo que es lo mejor que ha hecho alguna vez. A él le encanta hacer volar cosas por los aires. Y, ya sabe, hay mucha gente adentro que no quería hacerlo. Así que he tenido mis dificultades”.
Esta filtración póstuma expone sin filtros el aparente fervor del jefe de Estado norteamericano por la campaña militar, justo en un momento en que sobre la mesa se debate si reactivar los bombardeos o avanzar por la estrecha senda diplomática. La presencia de Netanyahu en el doble evento —la cumbre estratégica y el homenaje luctuoso al halcón que celebró los ataques— refuerza el simbolismo de una alianza que, pese a las fricciones personales y las pausas tácticas, mantiene la amenaza latente de una acción “contundente” contra la República Islámica.







